ANTES SISTEMA DEFENSIVO, AHORA PATRIMONIO A CONSERVAR
Las referencias documentales más antiguas que
se disponen sobre el castillo de Almenara son la Primera Crónica
General en la que se relatan las expediciones del Cid y un fragmento
del geógrafo árabe Al-Udri. Las dos fechan de la segunda
mitad del siglo XI, es decir al fin de la taifa de Valencia y al inicio
de la dominación almorávide en la zona Este del Al-Andalus.
El texto de Al-Udri tiene la particularidad de ser el único texto
geográfico árabe que cita el castillo de Almenara. En
la Primera Crónica General, Almenara es citada como un de los
lugares que pagan tributos al Cid en 1090. El Cid percibía tributo
además de otros centros fortificados como Tortosa, Lérida,
Valencia, Denia, Morvedre, Segorbe, Jérica, Albarracín
y Alpuente, por lo que se podría deducir que Almenara era capital
de distrito.
En el siglo XI, se conoce que Almenara era frontera entre los estados taifas de Valencia
y Tortosa, dependiendo de este último. La cerámica encontrada
en el castillo especialmente la renombrada "califal" nos permite
afirmar que el origen del castillo fue, al menos, en el siglo X. No
hay referencias estatigráficas hasta el momento que nos puedan
aportar más datos.
En la Crónica de Jaime I o Libro de los Hechos
se narra la forma en la que el rey obtuvo la rendición de este
castillo. De hecho, es la única fuente con la que se cuenta para
conocer este hecho. El rey hizo un pacto con la comunidad musulmana
por la que le cedieron las dos torres y la albacara del castillo a cambio
de tierras, ganado y vestidos. También se comprometieron a luchar
al lado del rey contra el alcaide del castillo y su tropa extranjera.
El rey subió al castillo con veinte caballeros y sus escuderos.
El topónimo de Al-manara, "torre de señales"
indica la posible función del lugar tal vez utilizada por la
población del recinto fortificado próximo de "El
Punto del Cid" que se remonta a los siglos VIII-IX, en plena época
emiral. El castillo fue conquistado por Jaime I en 1238 y vendido en
1294 por Jaime II a Francisco de Pròixita por 200.000 sueldos,
pasando a convertirse en la residencia de esta casa noble los personajes
de la que han ejercido un importante papel en la historia, destacando
Juan de Pròixita que salvó al Papa Benedicto XIII, asediado
en Aviñon, Nicolás de Pròixita y Calatayud que
saqueó Marsella y obtuvo el título de Conde de Almenara
y Olfo de Próxita, Almirante de Aragón.
El castillo de Almenara controlaba el paso obligado a lo largo de la costa entre las
llanuras de Castellón y Valencia y la ruta interior hacia Zaragoza
a través de Vall d'Uixó y Morella, ruta principal en época
medieval que comunicaba Aragón con el litoral valenciano. La
fortificación medieval se emplaza en el alargado cerro que domina
la población actual y consta de un castillo, que ocupa el centro
del cerro y dos fuertes torres aisladas situadas en los extremos del
mismo. Una de ellas fue restaurada en el siglo XIX para uso del heliógrafo.
Según Horcada Martí, se trata de un castillo montano,
es decir, que tiene su asentamiento en terreno montañoso sobre
promontorio con accesos entre 30 y 60. De la Crónica de Jaime
I o Libro de los Hechos se deduce que constaba de albacara con mezquita
y el castillo propiamente dicho. Y también la existencia de las
dos torres que flanquean el castillo (llamadas Bivalcadim y Bergamuza),
aunque la construcción de estas era diferente de la actual.
Los vestigios que existen en la actualidad permiten identificar casi sin riesgo de error
la albacara evocada en el texto de la Crónica: nada más
puede tratarse de la vasta plataforma de unos 4000 metros cuadrados
de superficie (120 metros de longitud por 25 a 50 de anchura) anterior
al castillo en el punto más alto del conjunto fortificado. Además
se encuentra en esta albacara una cisterna y según el texto real
una mezquita en la que el rey entablaba conversaciones con el alcalde.
Según Pierre Guichard, tres elementos básicos dan testimonio
de la existencia de un poblado sobre el emplazamiento castral: la presencia
de abundante cerámica en superficie, la existencia de un cierre
adscrito a proteger el poblado y los restos de construcciones con cisternas
que resuelven el aprovisionamiento de agua. Las tres circunstancias
se dan en Almenara sin que se sepa con exactitud donde estuvo el poblado
y su extensión; aunque si que se encuentran los restos de un
poblado ibérico en la vertiente sudeste del castillo. Conserva
parte del recinto exterior noroeste, donde se concentran las principales
defensas, de forma escalonada por ser la zona más accesible y
mantiene parte del recinto principal, con construcciones internas. Se
encuentran restos musulmanes en su frente Sur, que está sobre
la población actual, porque la construcción cristiana
aprovechó la fortaleza islámica en esta zona más
elevada, aunque con profundas transformaciones de acuerdo con las nuevas
necesidades. Está edificado en mazonería y fue adaptado
para la artillería durante las revueltas de la Germanías.
De las dos torres que flanquean el castillo la más próxima
a la carretera, quizá llamada Bergamuza, fue restaurada para
su uso como centro de comunicaciones heliográficas al servicio
del Ferrocarril. Estas torres eran llamadas Isabelinas, porque su origen
se remonta a tiempos de Isabel II, tiempo en el que se lleva a cabo
lo obra del ferrocarril que cubre el espacio entre Sagunto y Ulldecona,
entre 1862 y 1865. En Castellón se alzó además
el torreón de Santo Millán en Santa Magdalena de Pulpís
para dicho fin (C. Pérez-Olagüe).